REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

lunes, 13 de octubre de 2014

13 DE OCTUBRE, EL MILAGRO DEL SOL


Para el 13 de octubre estaba anunciado un milagro y que la Señora diría quien es. Había unas 70.000 personas bajo una lluvia torrencial. Por el camino, mucha gente solicitaba la ayuda de Santa María. Llegados a la encina, la multitud reza el rosario. Lucia, por un movimiento interior, pidió que cerrasen los paraguas. Todos empapados. Poco después llegó nuestra Señora sobre la encina.
- ¿Qué quiere usted de mí? 

- Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío, que soy la Señora del rosario, que continúen rezando el rosario todos los días. La guerra está acabándose y los soldados volverán pronto a sus casas. 
- Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a unos enfermos, si convertía a unos pecadores, etc. 
- Unos, sí; otros, no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados. Que no ofendan más a Dios nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

 Después de esas palabras, Santa María señaló hacia el sol. De pronto cesó la lluvia y las nubes negras se disiparon. El sol se veía como un disco de plata que se podía mirar sin deslumbrarse. Está rodeado de una corona brillante.
De pronto, el sol tiembla, se sacude, y da vueltas sobre sí mismo como una rueda de fuego, proyectando en todas direcciones haces de luz de colores. La multitud se ve teñida de amarillo, verde, rojo, azul, morado... Esto duró dos o tres minutos, luego el sol se detiene unos instantes y recomienza su danza de luz. Así hasta tres veces.
A continuación, se ve al sol desprenderse del cielo, y cae sobre la tierra en zig-zag. La multitud está arrodillada en el barro y hace actos de fe y de dolor de los pecados. ¡Dios mío, misericordia! 

El sol se detiene en su caída y, también en zig-zag, recupera su posición en el cielo. Han pasado unos diez minutos en total. Las 70.000 personas presentes lo vieron, incluso gente a más de 5 km. vieron lo mismo. 
Los vestidos de la gente, antes empapados, están ahora perfectamente secos.

“Aparecieron, al lado del sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Era la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida de blanco, con un manto azul. San José también estaba vestido de blanco y el Niño Jesús de rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo tres veces la señal de la Cruz. El Niño Jesús hizo lo mismo.
Siguió la visión de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Señor agobiado de dolor en el camino del Calvario. Nuestro Señor hizo la señal de la Cruz para bendecir al pueblo. Nuestra Señora no tenía espada en el pecho. Lucía veía solamente la parte superior del cuerpo de Nuestro Señor.
Finalmente apareció, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del cielo y de la tierra, con el Niño Jesús en los brazos.”


El papa Pío XII volvió a ver este milagro del sol desde los jardines del Vaticano, 33 años más tarde, en tres días sucesivos, el 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 1950 como confirmación del Cielo, a la proclamación por él del dogma de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al Cielo, el 1 de noviembre.

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